domingo, 16 de febrero de 2025

 UNIVERSIDAD ESTATAL A DISTANCIA


    CÁTEDRA DE CRIMINOLOGÍA


CRIMINOLOGÍA I


CÓDIGO: 05271


GRUPO: 01


BLOG


LA CRIMINOLOGÍA COMO CIENCIA


Nombre de la estudiante: Zamantha Ortega Marín.


Nombre de la docente: Corina Fernández Ulloa.


Centro universitario: San José


I CUATRIMESTRE 2025





viernes, 14 de febrero de 2025

Referencias bibliográficas

Aguirre Aguirre, J. E. (2019). Victimario: la víctima desconocida del conflicto armado colombiano. Análisis de su reparación en torno al principio de igualdad. Revista Derecho del Estado, (43), 291-320. En: https://www.redalyc.org/journal/3376/337660349011/337660349011.pdf


Benavides Benalcázar, M. M. (2019). La reparación integral de la víctima en el proceso penal. Revista Internacional de Investigación en Ciencias Sociales, 15(2), 279-

317. En: https://web.archive.org/web/20191220011703id_/http://scielo.iics.una.py/pdf/riics/ v15n2/2226-4000-riics-15-02-279.pdf

Camacho Espinosa, G. J. (2023). Criminología forense: concepto y aplicaciones en el sistema de justicia penal. Archivos de Criminología, Seguridad Privada y Criminalística, 20(30), 82-91. En: https://dialnet.unirioja.es/servlet/articulo?codigo=8336322

García Huitrón, A. (S.f). Apuntes sobre la Criminología contemporánea en México. En: https://www.researchgate.net/profile/Alan- Huitron/publication/362113001_APUNTES_SOBRE_LA_CRIMINOLOGIA_CON TEMPORANEA_EN_MEXICO/links/62d712d4441ed55f843b6c02/APUNTES- SOBRE-LA-CRIMINOLOGIA-CONTEMPORANEA-EN-MEXICO.pdf

Ordoñez Valencia, H. y Trelles Vicuña, D. (2019). Control social en la participación ciudadana: Una visión desde los servicios públicos locales. Revista de Ciencias Sociales (Ve), 25(4), 1-11. En: https://www.redalyc.org/journal/280/28062322013/28062322013.pdf

Zárate Hernández, M. (2023). La nueva era de la Criminología. Revista Mexicana De Ciencias Penales, 6(9), 141-156. En: https://revistaciencias.inacipe.gob.mx/index.php/02/article/view/606/619

Visión de la criminología: Colegio de criminólogos Costa Rica

 

La criminología, como disciplina científica y profesional, desempeña un papel esencial en la comprensión y abordaje de los fenómenos delictivos que afectan a la sociedad costarricense. Según la visión del Colegio de Profesionales en Criminología de Costa Rica, esta disciplina debe ir más allá del análisis superficial del delito, incorporando una perspectiva integral que considere las dimensiones sociales, económicas y culturales que influyen en la criminalidad. Este enfoque permite desarrollar estrategias más efectivas y humanas para prevenir y combatir el delito, promoviendo una sociedad más justa y segura.

Una de las funciones primordiales de la criminología es la investigación científica del delito y sus causas realizándose a través de un análisis riguroso de los factores que contribuyen a la conducta delictiva, desde variables individuales hasta contextos estructurales. Al adoptar una metodología interdisciplinaria, la criminología puede integrar conocimientos de la sociología, psicología, derecho y otras disciplinas afines, proporcionando una comprensión holística del fenómeno criminal, dicha base científica es indispensable para el diseño de políticas públicas y programas de intervención basados en evidencia, que aborden las raíces de la criminalidad en lugar de centrarse únicamente en sus manifestaciones.

La criminología tiene la responsabilidad de contribuir al desarrollo y evaluación de políticas públicas en materia de seguridad y justicia, asesorando a las instituciones gubernamentales en la formulación de estrategias que no solo busquen la represión del delito, sino también su prevención a través de la inclusión social, la educación y la reducción de las desigualdades. Al fundamentar las políticas en evidencia empírica y análisis crítico, se promueve una gestión más efectiva y ética de la seguridad ciudadana, alineada con los principios de derechos humanos y justicia social.

La formación y capacitación de profesionales en criminología es otra función esencial delineada por el Colegio de Criminólogos de Costa Rica. Es imperativo que los criminólogos cuenten con una formación sólida, que combine conocimientos teóricos con habilidades prácticas para la intervención en diversos contextos tales como la capacidad de realizar evaluaciones de riesgo, diseñar programas de rehabilitación y reintegración, y trabajar en colaboración con otras disciplinas y comunidades. La educación continua y la actualización profesional son cruciales para asegurar que los criminólogos estén preparados para enfrentar los desafíos emergentes en el campo de la seguridad y la justicia.

La criminología también debe desempeñar un papel activo en la promoción de la justicia restaurativa y la reintegración social de las personas que han cometido delitos desarrollando y apoyar programas que busquen reparar el daño causado a las víctimas, responsabilizar a los ofensores de manera constructiva y facilitar su reinserción en la sociedad. Al enfocarse en la restauración de las relaciones y la reconstrucción del tejido social, la criminología contribuye a la reducción de la reincidencia y al fortalecimiento de comunidades más resilientes y cohesionadas.

La función de la criminología también abarca la sensibilización y educación de la sociedad en temas relacionados con el delito y la seguridad, la difusión de información basada en evidencia sobre las causas y consecuencias de la criminalidad, así como la promoción de una cultura de legalidad y respeto a los derechos humanos. Al fomentar una comprensión informada y crítica del fenómeno delictivo, se combate la estigmatización y se promueve la participación ciudadana en la construcción de soluciones colectivas para la seguridad.

En Costa Rica, la criminología debe abordar desafíos específicos, como el aumento de la violencia de género y la impunidad en casos de agresiones sexuales. Un artículo publicado en noviembre de 2024 destaca que nuestro país enfrenta una crisis en zonas turísticas, donde las víctimas de delitos sexuales se encuentran con un sistema judicial ineficiente y culturalmente insensible, lo que resulta en una alta impunidad para los agresores. A pesar de que 68 mujeres fueron víctimas de delitos sexuales por día en 2023, solo el 15% de las denuncias resultaron en acusaciones formales demuestra subraya la necesidad de una criminología comprometida con la equidad de género y la protección de los derechos de las víctimas, promoviendo reformas en el sistema de justicia y desarrollando programas de prevención y atención integral.

Según la visión del Colegio de Criminólogos de Costa Rica, debe ser una disciplina dinámica y comprometida con la transformación social, no solamente el estudio del delito, sino también una participación activa en la construcción de una sociedad más justa y segura. Al integrar la investigación científica, la formulación de políticas, la formación profesional, la promoción de la justicia restaurativa y la educación pública, la criminología puede contribuir de manera significativa a la prevención del delito y al fortalecimiento del tejido social en Costa Rica.

La noticia mencionada se puede visualizar mediante el siguiente enlace:

Noticia nacional


jueves, 13 de febrero de 2025

Nueva propuesta de modificación del objeto de la Criminología

Surge como respuesta a las limitaciones de los enfoques tradicionales y busca ampliar el horizonte de esta disciplina hacia una perspectiva más integral, crítica y socialmente comprometida. Tradicionalmente, la criminología se ha centrado en el estudio del delito, el delincuente y las formas de control social a través de los sistemas punitivos. Sin embargo, esta visión ha sido considerada reduccionista, ya que ignora las causas estructurales que subyacen al fenómeno criminal y su ámbito social.

Uno de los aspectos clave de esta nueva propuesta es la ampliación del objeto de estudio de la criminología, que ya no se limitaría al delito como un acto aislado, sino que incluiría también la investigación de las condiciones sociales, políticas y económicas que favorecen la aparición de comportamientos delictivos. Esto implica una visión más interdisciplinaria, en la que se reconoce que el crimen no es solo una violación de las normas legales, sino una manifestación de desigualdades estructurales en la sociedad.

Bajo este enfoque, la criminología incorpora el análisis de fenómenos como la exclusión social, la pobreza, la discriminación racial y de género, y la desigualdad económica como factores clave que influyen en la aparición del delito. Se cuestiona así la idea de que el crimen es únicamente un problema individual y se empieza a entender como un problema colectivo y sistémico, en el que las estructuras sociales juegan un papel fundamental.

Otro punto importante es la incorporación de los llamados crímenes de poder, es decir, aquellos actos delictivos cometidos por individuos o grupos que detentan posiciones de poder económico, político o social. Estos crímenes, como la corrupción, el lavado de dinero, los delitos corporativos y los crímenes de Estado, tradicionalmente han sido excluidos o marginalizados en la criminología convencional, que ha centrado su atención en delitos cometidos por sectores populares.

En lugar de centrarse únicamente en el castigo como respuesta al delito, esta nueva propuesta aboga por una mayor incorporación de modelos de justicia restaurativa, en los que se prioriza la reparación del daño, la reintegración de las personas infractoras y la atención a las necesidades de las víctimas. Esto representa un cambio en el enfoque punitivo hacia uno más humanista y restaurativo, que entiende el delito como un conflicto social que puede ser abordado de manera constructiva, en lugar de solamente retributiva. 

La nueva visión de la criminología es profundamente crítica y emancipadora, en el sentido de que no se limita a describir el fenómeno delictivo, sino que también busca transformar las estructuras sociales que perpetúan la injusticia y la criminalización de los sectores marginados.

Enfatiza la necesidad de comprender el papel de las políticas públicas en la prevención, control del delito y no solamente centrarse en medidas represivas, se promueve la implementación de estrategias que aborden las raíces estructurales de la criminalidad, como la educación, el acceso a oportunidades económicas y la disminución de la desigualdad, cabe destacar también la interacción entre la criminología y los derechos humanos. La criminalización de la pobreza y de ciertos colectivos vulnerables ha llevado a un uso desproporcionado del aparato represivo del Estado, lo que genera mayores desigualdades y contribuye a la reproducción del crimen. Frente a esto, la nueva criminología plantea la necesidad de garantizar el respeto a los derechos fundamentales en todas las etapas del sistema de justicia penal, promoviendo mecanismos de defensa y protección para las poblaciones más afectadas por la violencia institucional.

Desde una perspectiva metodológica, este enfoque impulsa la incorporación de técnicas de investigación cualitativas y participativas, en las que las comunidades afectadas por la violencia y la criminalidad no solo sean objeto de estudio, sino también actores clave en la producción de conocimiento. La criminología crítica busca incluir las voces de las víctimas, de las poblaciones marginadas y de los mismos infractores para desarrollar un análisis más integral y realista del fenómeno criminal, evitando interpretaciones sesgadas o simplistas.

Rol de la criminología en las relaciones de poder

 

La crítica latinoamericana al rol de la criminología, en relación con las dinámicas de poder, ha sido una reflexión profunda que cuestiona la manera en que esta disciplina ha sido históricamente utilizada y aplicada en aspectos de desigualdad social, política y económica en la región. Desde esta perspectiva, la criminología ha sido vista como un instrumento que, en lugar de promover justicia y equidad, ha servido para consolidar y reproducir relaciones de poder que fortalecen la marginación de ciertos sectores de la población.

Criminología tradicional y control social

Una de las principales críticas se dirige a la criminología tradicional, también conocida como criminología positivista o conservadora, que ha dominado el campo durante gran parte del siglo XX. Este enfoque se centra en el estudio del comportamiento criminal a través de factores biológicos, psicológicos y sociales, pero sin cuestionar las estructuras de poder subyacentes que influyen en la definición misma de qué es un delito y quién es considerado delincuente.

El control social se constituye en un mecanismo esencial para el bienestar de la sociedad y la actuación de la gestión pública, al permitir el ejercicio de prácticas y actividades direccionadas hacia la defensa de intereses colectivos, por parte de ciudadanos organizados y activados para participar en decisiones promovidas por el Estado, así como vigilar y evitar desviaciones, cambios e incumplimiento en las decisiones tomadas. (Ordoñez & Trelles, 2019, p. 3)

Desde una perspectiva latinoamericana crítica, esta forma de criminología es percibida como una herramienta de control social, diseñada para mantener el orden establecido y proteger los intereses de las clases dominantes. La criminología tradicional ha sido criticada por criminalizar la pobreza y centrar su atención en los delitos de los sectores más vulnerables, mientras ignora o minimiza los delitos cometidos por las élites y las corporaciones.

En este sentido, la criminología ha servido para reforzar un sistema de justicia que penaliza a los pobres, mientras pasa por alto o sanciona de manera leve a quienes cometen delitos de "cuello blanco". Esta asimetría en la aplicación de la ley refleja, según los críticos, las relaciones de poder inherentes en las sociedades latinoamericanas, donde las clases altas tienen mayor influencia y control sobre las instituciones judiciales y legislativas.

Criminología crítica y poder

En respuesta a esta visión tradicional, ha surgido en América Latina una criminología crítica, que busca cuestionar y desafiar las relaciones de poder que subyacen en las estructuras legales y punitivas. La criminología crítica parte de la premisa de que el delito no es un fenómeno aislado o individual, sino que está profundamente enraizado en las desigualdades estructurales de la sociedad. Así, lo que se considera delito está social y políticamente construido, y muchas veces responde a los intereses de quienes detentan el poder.

Los criminólogos críticos en América Latina señalan que los sistemas penales en la región han sido utilizados como mecanismos de represión y control de las clases populares, especialmente en contextos de dictaduras y regímenes autoritarios. En muchos países, el sistema de justicia penal ha sido una extensión del poder del Estado, utilizado para silenciar a los opositores políticos, reprimir movimientos sociales y castigar a los sectores más empobrecidos de la sociedad.

Uno de los conceptos clave dentro de esta crítica es el de criminalización selectiva, que hace referencia a cómo el sistema de justicia penal elige a qué grupos y comportamientos considera delictivos. En América Latina, este proceso ha estado profundamente influido por factores como la raza, la clase social y la posición política. Los sectores indígenas, afrodescendientes y pobres son los más afectados por esta selectividad, mientras que los sectores económicamente privilegiados rara vez enfrentan las mismas consecuencias por actos delictivos, incluso cuando estos tienen un mayor impacto social, como la corrupción o los delitos ambientales.

Criminología y capitalismo: la dimensión económica del poder

Desde esta óptica, la criminología tradicional ha sido instrumental en la defensa del estatus quo económico, centrando su atención en los delitos comunes y desatendiendo los delitos estructurales, como la corrupción, la explotación laboral y el saqueo de los recursos naturales. La criminología crítica busca visibilizar estas formas de criminalidad y propone un enfoque que considere no solo el delito en sí, sino también los contextos de injusticia social y económica en los que estos actos ocurren.

También se presenta la llamada criminología económica Rondón (2020, citado en Zárate, 2023) expresa que:

    Se define como un nuevo paradigma de la criminología que toma en cuenta los aspectos políticos, el control social, las políticas de prevención criminal y la ley penal como parte de la dinámica del problema de la criminalidad con un profundo carácter económico, en un constante choque de fuerzas que lleva a una sinapsis social o intercambio de problema (p. 145) 

miércoles, 12 de febrero de 2025

Factores internos y externos que favorecen el desarrollo de conductas criminales

 

Los factores internos y externos que favorecen el desarrollo de conductas criminales son elementos importantes dado que permiten comprender las raíces del comportamiento delictivo, facilitando el diseño de estrategias de prevención, así como métodos de control más eficaces. Estos factores se dividen en aquellos que provienen del propio individuo (internos) y aquellos que están relacionados con el entorno y la sociedad en la que el sujeto se desarrolla (externos).

Factores internos

Son aquellos que están directamente relacionados con las características biológicas, psicológicas y emocionales del individuo. Uno de los factores internos más relevantes es la predisposición genética. Diversos estudios en criminología y genética conductual sugieren que ciertos individuos pueden tener una mayor propensión biológica a desarrollar conductas antisociales o delictivas. Esta predisposición, sin embargo, no determina de manera absoluta el comportamiento criminal, sino que interactúa con otros factores ambientales, lo que lleva a un desarrollo o inhibición de estas conductas.

En el ámbito psicológico, destacan los trastornos de personalidad los individuos con trastornos como la psicopatía, el trastorno antisocial de la personalidad o el trastorno límite de la personalidad, presentan mayores probabilidades de involucrarse en actividades delictivas. Estas personas suelen mostrar un patrón persistente de impulsividad, falta de empatía y conductas arriesgadas, características que facilitan la transgresión de las normas sociales y legales. La incapacidad de regular las emociones y el bajo control de los impulsos son componentes clave en la psicopatología de muchos delincuentes.

La falta de habilidades socioemocionales es un factor interno que predispone al individuo a cometer delitos. Las personas que no desarrollan adecuadamente estas habilidades, como la toma de decisiones responsables, el manejo de la ira o la capacidad de resolver conflictos de manera pacífica, tienen mayores dificultades para enfrentarse a las tensiones sociales y económicas de manera legal, lo que las lleva a optar por comportamientos delictivos como forma de gestionar sus frustraciones.

Otro factor interno relevante es el déficit en el desarrollo moral. Según las teorías de desarrollo moral, los individuos pasan por diversas etapas en las que comprenden las normas y valores de la sociedad. Sin embargo, aquellos que no alcanzan un desarrollo moral avanzado, tienden a justificar sus acciones delictivas como medio para satisfacer sus propios intereses, sin considerar las consecuencias para los demás. La disminuida capacidad para sentir culpa o remordimiento es una característica recurrente en muchos delincuentes.

Factores externos

Por su parte los factores externos son aquellos relacionados con el entorno familiar, social, económico y cultural que rodea al individuo. Estos factores ejercen una influencia decisiva en la formación de la conducta delictiva, al moldear las oportunidades, expectativas y normas con las que el individuo interactúa.

Uno de los factores externos más influyentes es la desintegración familiar. Las familias disfuncionales, caracterizadas por la falta de cohesión, el maltrato infantil, el abuso emocional o la ausencia de figuras parentales estables, aumentan el riesgo de que los niños y jóvenes desarrollen comportamientos delictivos. En particular, la falta de supervisión parental, el abandono emocional y la exposición a la violencia doméstica son factores que predisponen a los individuos a buscar modelos de comportamiento alternativos en grupos delictivos o pandillas, en los cuales encuentran la validación que no recibieron en sus hogares.

La pobreza, la desigualdad social y la exclusión económica crean condiciones propicias para el desarrollo de conductas criminales, especialmente en áreas urbanas marginalizadas. Cuando las oportunidades legales de acceder a bienes y servicios son limitadas o inexistentes, muchas personas recurren a actividades delictivas como un medio de subsistencia. La falta de acceso a educación de calidad y empleo digno son factores que refuerzan este ciclo, ya que limitan las opciones de movilidad social y perpetúan la marginación.

La influencia del entorno social es igualmente determinante. Los individuos que crecen en comunidades con altos índices de criminalidad o que se rodean de personas con conductas antisociales, están más expuestos a normalizar este tipo de comportamiento. Los grupos de pares tienen un impacto directo en el desarrollo de la identidad y las decisiones del individuo, por lo que, si el entorno valora o tolera la delincuencia, es probable que el individuo adopte estos mismos valores y actitudes. La presión social, especialmente en jóvenes, muchas veces lejos de ayudarlos terminan por llevarlos a participar en actos delictivos como medio de obtener reconocimiento o aceptación dentro del grupo.

Un caso reciente que ilustra la interacción entre factores internos y externos en el desarrollo de conductas criminales es el desmantelamiento de una red de trata de personas en Ciudad de México, tras el feminicidio de dos jóvenes venezolanas, Stephanie y Susej, en julio de 2024. Este suceso reveló la operación de organizaciones criminales que captan a mujeres vulnerables, especialmente migrantes, para explotarlas sexualmente.

Desde la perspectiva de los factores externos, la pobreza y la desigualdad social en países como Venezuela impulsan a muchas mujeres a emigrar en busca de mejores oportunidades. Sin embargo, en su tránsito, se enfrentan a situaciones de vulnerabilidad que son aprovechadas por redes de trata. Estas organizaciones operan en múltiples países de América Latina, adaptándose a las condiciones locales y explotando las debilidades en la aplicación de la ley y la corrupción.

En cuanto a los factores internos, los individuos involucrados en estas redes criminales pueden presentar déficits en el desarrollo moral y falta de empatía, lo que les permite justificar la explotación de otras personas para obtener beneficios económicos, la normalización de la violencia y la deshumanización de las víctimas son comunes en estos entornos, facilitando la perpetuación de conductas delictivas.

La noticia completa se puede visualizar en el siguiente enlace:

Noticia internacional




martes, 11 de febrero de 2025

Delito, victimario, medios de control y víctima

Concepto de delito

Se puede definir como una acción u omisión voluntaria que infringe una norma jurídica previamente establecida, susceptible de ser castigada por el Estado mediante una sanción. Desde una perspectiva legal, el delito se clasifica según sus elementos constitutivos: la tipicidad, la antijuridicidad y la culpabilidad.

La tipicidad hace referencia a la correspondencia entre la conducta y la descripción contenida en la ley penal; en otras palabras, un comportamiento será considerado delictivo si está expresamente señalado como tal en una norma legal. El segundo elemento, la antijuridicidad, implica que la conducta típica debe estar en contraposición al orden jurídico en su totalidad, es decir, debe lesionar o poner en riesgo un bien jurídico protegido, como la vida, la libertad o el patrimonio

Mientras que la culpabilidad, que se refiere a la atribución de responsabilidad a una persona por su conducta delictiva. En este punto, el análisis se centra en la capacidad del sujeto para comprender el carácter ilícito de su acción y actuar de acuerdo con ese entendimiento. El delito, por tanto, exige no solo una acción tipificada y antijurídica, sino también la existencia de dolo o negligencia por parte del sujeto activo.

García Huitrón (S.f) en su obra Apuntes sobre la Criminología contemporánea en México expresa que:

“El delito es multifactorial; citando desde los factores neuroquímicos del cerebro hasta la desigualdad social, pasando por el papel de la familia, la escuela, el barrio, el trabajo, las redes sociales, las drogas, los videojuegos, entre otros factores” (p. 5)

Por otro lado, es importante destacar que el delito no es solo una cuestión jurídica, sino que también tiene una dimensión social y cultural. Las conductas que una sociedad considera delictivas varían con el tiempo y el lugar, ya que lo que hoy se define como delito pudo no haberlo sido en épocas anteriores o en diferentes contextos culturales.


Concepto de victimario

Es una pieza clave dentro del estudio del derecho penal, la criminología y la victimología, ya que describe a la persona que, mediante una acción u omisión, causa daño a otra, afectando su integridad física, psicológica, social o patrimonial. El victimario, al igual que el delito y la víctima, no es solo un sujeto de análisis legal, sino también de estudio en múltiples disciplinas que buscan entender el origen de la conducta dañina, su impacto y las formas de prevenirla.

El victimario también se analiza en relación con la moralidad de sus acciones. Desde el punto de vista ético, se cuestiona si el victimario siempre es responsable de sus actos, considerando aspectos como la libertad de elección, las circunstancias que rodean su conducta y la posibilidad de la redención.

Un aspecto importante a considerar es que no todos los victimarios son iguales, ya que su conducta puede clasificarse según diversas categorías, tales como los delitos dolosos, que implican una intención deliberada de causar daño, y los delitos culposos, donde el daño se produce por imprudencia, negligencia o impericia, pero sin una intención directa de perjudicar a la víctima. Esta distinción es fundamental en el sistema de justicia, ya que el tipo de responsabilidad que se le atribuye al victimario determina la naturaleza de la sanción, así como las medidas de reparación para la víctima. Un enfoque interesante dentro de la criminología es el estudio del perfil del victimario, que busca identificar características comunes entre las personas que cometen determinados tipos de delitos.

Concepto de víctima

La víctima representa a la persona o entidad que sufre una agresión, daño o perjuicio como consecuencia de un delito o de una conducta lesiva. La importancia de entender a la víctima desde una perspectiva integral radica en el hecho de que este enfoque permite no solo la aplicación de la justicia, sino también el desarrollo de estrategias de apoyo, reparación y prevención que aborden sus necesidades y derechos de manera efectiva.

Benavides Benalcázar (2019) en su obra La reparación integral de la víctima en el proceso penal expresa que:

La víctima es la que sufre la lesividad en un bien jurídico protegido, en el momento que se verifica un hecho delictivo en su contra, y en concordancia con la tratadista antes referida, abarca tanto ofendido y perjudicado, el Estado es el único encargado de tutelar sus derechos. (p. 282)

En términos de la victimología, rama del conocimiento que se especializa en el estudio de las víctimas, el análisis va más allá de la definición legal. La victimología se interesa no solo en los aspectos jurídicos, sino también en los efectos psicológicos, sociales y económicos que el delito tiene sobre la víctima. Este campo también examina las circunstancias que hacen que ciertas personas o grupos sean más vulnerables a convertirse en víctimas, lo que se conoce como el estudio de la victimización. Aquí se exploran factores como la pobreza, el género, la edad o la marginalización social, que incrementan el riesgo de sufrir un delito.

Se distinguen dos tipos de víctimas directas e indirectas. Las primeras son aquellas que sufren directamente el daño, ya sea físico, psicológico o material, como una persona agredida o robada. Las víctimas indirectas, por su parte, son aquellas que, aunque no han sufrido directamente el daño, resultan afectadas por el delito debido a su relación con la víctima directa, como los familiares de una persona asesinada o desaparecida, gracias a esto se amplía la noción de víctima, reconociendo que el impacto del delito se extiende más allá de la persona que sufre el daño inmediato, afectando el entorno social y emocional de la misma.

Desde un punto de vista ético y filosófico, el concepto de víctima plantea importantes interrogantes sobre la moralidad y la justicia. ¿Qué significa ser una víctima en una sociedad? ¿Cómo se equilibran los derechos del victimario y la víctima? Estas preguntas son esenciales para entender cómo las sociedades tratan a quienes han sufrido daños y cómo se les ofrece la posibilidad de justicia y reparación.

Medios de control

Son herramientas y mecanismos destinados a prevenir la ocurrencia de delitos, sancionar a los responsables y proteger a las víctimas. Estos medios son fundamentales en la administración de justicia, la seguridad pública y los derechos humanos, y su correcta implementación puede reducir la criminalidad, mitigar el impacto en las víctimas y garantizar que los victimarios sean responsables de sus actos.

El delito, como infracción grave del orden legal y social, requiere una respuesta inmediata y eficaz. Los medios de control sobre el delito están diseñados para actuar en múltiples etapas: prevención, detección, sanción y rehabilitación. En primera instancia, el marco legal constituido por el Código Penal y leyes especiales actúa como un medio de control preventivo al delimitar las conductas que son consideradas ilícitas y establecer las penas que se imponen por su incumplimiento. La legislación es el primer muro de contención, ofreciendo una clara guía de lo permitido y lo prohibido.

Sin embargo, cuando hacemos énfasis en el victimario, como autor o responsable del delito, está sujeto a un estricto control que busca sancionar su conducta ilícita y, en muchos casos, prevenir futuras infracciones. El sistema penal es el medio más visible de control sobre el victimario, ya que es a través de este que se determinan las responsabilidades y se imponen las sanciones correspondientes. Las penas privativas de libertad, las multas y otras medidas correctivas buscan castigar al victimario, disuadirlo de reincidir, y en algunos casos, propiciar su rehabilitación.

Por lo tanto, se entiende que la víctima es el eje sobre el cual gira el sistema de protección y reparación en el ámbito del control del delito. Los medios de control en este caso están diseñados para garantizar que la víctima reciba la protección adecuada, se repare el daño causado y se le proporcionen los recursos necesarios para su recuperación. La legislación de protección a las víctimas es el primer medio de control, ya que asegura que se respeten los derechos de las víctimas durante todo el proceso judicial. 

Criminología: Definición, historia y evolución

La criminología se define como una ciencia social que investiga de manera exhaustiva y sistemática el fenómeno del crimen, considerando tanto sus causas como sus consecuencias, así como las respuestas sociales, legales y penales que se implementan para su prevención o control, es interdisciplinaria, ya que integra conocimientos de diversas áreas como la sociología, la psicología, el derecho, la antropología, la medicina forense y la economía, con el fin de proporcionar una comprensión más clara y precisa sobre la conducta delictiva.

Según Rodríguez (2014, citado en Camacho, 2023) afirma que:

Su origen data del siglo XIX, específicamente del año 1876 en el cual el italiano Cesare Lombroso publicó una de sus obras más reconocidas y debatidas a la vez, misma que marcó el inicio de la antropología criminal, que años más tarde se denominó criminología. (p. 83)

Su objetivo primordial es analizar el crimen en todas sus facetas, estudiando no solo al delincuente, sino también a la víctima, el entorno social, las instituciones de control y las normativas que regulan el comportamiento humano. Por esta razón, se considera una ciencia aplicada, ya que sus investigaciones y hallazgos fundamentan el desarrollo de políticas públicas de seguridad, la creación de reformas penales y la implementación de programas de rehabilitación y prevención del delito.

Al ser el estudio de las causas del delito, investigan los factores que pueden llevar a un individuo a cometer actos ilegales. Estas causas pueden ser individuales, como problemas psicológicos o trastornos mentales, o sociales, como la pobreza, la exclusión, el desempleo o la falta de acceso a la educación, por lo tanto, permite a la criminología abordar el delito desde múltiples ángulos, integrando elementos biológicos, psicológicos y sociológicos.

Investiga los rasgos personales, las motivaciones y las circunstancias que influyen en el comportamiento delictivo incluye la evaluación de factores hereditarios, el impacto de la educación y el entorno familiar, la influencia de pares y el ambiente social. A través de estudios de casos, entrevistas y pruebas psicológicas, se busca identificar patrones de comportamiento que permitan predecir el riesgo de reincidencia y diseñar estrategias de intervención específicas.

Es importante comprender cuál es el fin que persigue la criminología y no caer en el error de confundirla con la criminalística razón por lo cual en el siguiente vídeo se explicará de mejor forma las diferencias entre estás disciplinas de estudio:

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