Surge
como respuesta a las limitaciones de los enfoques tradicionales y busca ampliar
el horizonte de esta disciplina hacia una perspectiva más integral, crítica y
socialmente comprometida. Tradicionalmente, la criminología se ha centrado en el
estudio del delito,
Uno de
los aspectos clave de esta nueva propuesta es la ampliación del objeto de estudio
de la criminología, que ya no se limitaría al delito como un acto aislado, sino
que incluiría también la investigación de las condiciones sociales, políticas y
económicas que favorecen la aparición de comportamientos delictivos. Esto
implica una visión más interdisciplinaria, en la que se reconoce que el crimen
no es solo una violación de las normas legales, sino una manifestación de
desigualdades estructurales en la sociedad.
Bajo este
enfoque, la criminología incorpora el análisis de fenómenos como la exclusión
social, la pobreza, la discriminación racial y de género, y la desigualdad económica
como factores clave que influyen en la aparición del delito. Se cuestiona así
la idea de que el crimen es únicamente un problema individual y se empieza a entender
como un problema colectivo y sistémico, en el que las estructuras sociales
juegan un papel fundamental.
Otro
punto importante es la incorporación de los llamados crímenes de poder, es
decir, aquellos actos delictivos cometidos por individuos o grupos que detentan
posiciones de poder económico, político o social. Estos crímenes, como la
corrupción, el lavado de dinero, los delitos corporativos y los crímenes de
Estado, tradicionalmente han sido excluidos o marginalizados en la criminología
convencional, que ha centrado su atención en delitos cometidos por sectores
populares.
En lugar de centrarse únicamente en el castigo como respuesta al delito, esta nueva propuesta aboga por una mayor incorporación de modelos de justicia restaurativa, en los que se prioriza la reparación del daño, la reintegración de las personas infractoras y la atención a las necesidades de las víctimas. Esto representa un cambio en el enfoque punitivo hacia uno más humanista y restaurativo, que entiende el delito como un conflicto social que puede ser abordado de manera constructiva, en lugar de solamente retributiva.
La nueva visión de la
criminología es profundamente crítica y emancipadora, en el sentido de que no
se limita a describir el fenómeno delictivo, sino que también busca transformar
las estructuras sociales que perpetúan la injusticia y la criminalización de
los sectores marginados.
Enfatiza
la necesidad de comprender el papel de las políticas públicas en la prevención,
control del delito y no solamente centrarse en medidas represivas, se promueve
la implementación de estrategias que aborden las raíces estructurales de la
criminalidad, como la educación, el acceso a oportunidades económicas y la
disminución de la desigualdad, cabe destacar también la interacción entre la
criminología y los derechos humanos. La criminalización de la pobreza y de
ciertos colectivos vulnerables ha llevado a un uso desproporcionado del aparato
represivo del Estado, lo que genera mayores desigualdades y contribuye a la
reproducción del crimen. Frente a esto, la nueva criminología plantea la
necesidad de garantizar el respeto a los derechos fundamentales en todas las etapas
del sistema de justicia penal, promoviendo mecanismos de defensa y protección
para las poblaciones más afectadas por la violencia institucional.
Desde
una perspectiva metodológica, este enfoque impulsa la incorporación de técnicas
de investigación cualitativas y participativas, en las que las comunidades
afectadas por la violencia y la criminalidad no solo sean objeto de estudio,
sino también actores clave en la producción de conocimiento. La criminología
crítica busca incluir las voces de las víctimas, de las poblaciones marginadas
y de los mismos infractores para desarrollar un análisis más integral y
realista del fenómeno criminal, evitando interpretaciones sesgadas o
simplistas.

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